Empezaré por agradecer a mi gran amigo Javier Dominguez, la popularización de esta forma de expresión dentro del círculo de amigos más cercanos. Y es que no sólo me encantan los múltiples usos que podemos sino que además la encuentro cálida, divertida y tan coloquial que me provoca usarla tan seguido que la he hecho parte de mí.

Es para mí, una suerte de hablar fácil y llegar al punto, a la conclusión, a lo que resulta, queda, en lo que termina y a donde llega algo que uno trata de decir. Es quizás una suerte de puerto de desembarque de las ideas que podemos compartir, sea que estemos hablando de cosas banales o de aquellas un poco más profundas. Al final del día es un homenaje a la síntesis, al resumen, al esfuerzo por concluir y dejar claro el punto central de nuestro argumento, pensamiento, mensaje o análisis.

Para el artista, la expresión sirve para dejar constancia del origen de su inspiración, para el deportista subraya la mejor marca lograda, para el gerente es un equivalente a la última línea en su estado de gestión, para el romántico una suerte de final de novela rosa. Por otro lado y en su significado más literal, al final del día, es una expresión que nos transporta a un momento del día en el que estamos con las defensas un poco más bajas, estamos quizás, un poco más relajados y dispuestos a escuchar y compartir. Quizás hemos dejado un poco el ímpetu, empuje, la productividad, la intensidad, la coordinación de acciones, el logro, el avance, la conquista y nos mudamos emocionalmente hacia el descanso, la observación, reflexión, disfrute, contemplación, distracción.

Hacia el final del día, como que nos gusta más la gente, apreciamos más el compartir, estar con los demás, relajarnos, conversar, intercambiar ideas, cambiar el mundo. Si claro, también puede ser que estemos más ganosos de hacer deporte o entrar en riñas o hacer trámites pero ustedes me entienden, ¿no?. No estoy planteando un modelo económico sino describiendo algo que generalmente nos pasa a muchos cuando nos pasa y si es que nos pasa, es que pasa al final del día. Por supuesto este breve homenaje a Cantinflas es algo que puede hacerte reír o llorar pero no negarás que salió cojonudo.

Al final del día vas por ese cafecito reparador para hablar con ese amigo que tanto estimas y consideras que puede ayudarte dándote un hombro o mil consejos que nunca harás realidad. Ese entrañable ser que quiere estar contigo, escucharte, quererte y cambiar el mundo de a pocos mientras le entras a un par de sanguchitos y kekes y cosas ricas que hacen tanto bien y tanto mal.