“Todo está de cabeza, una corruptela triste y vergonzante. Los políticos son todos ineptos y no hay más que líos y peleas a todo nivel. Los políticos dejaron de pensar en la patria y viven pagando favores a quienes financiaron sus campañas.

El Estado es un mal servidor de los tontos que pagan impuestos, un abusivo cobrador y cazador de faltas en normas y reglamentos  que parecen haberse creado para entorpecer. Un Estado que sólo busca complicar y trabar el avance de los que tratan de hacer las cosas bien, mientras se hace de la vista gorda con los que juegan sucio en grande.

Nada sirve y a cómo vamos, parece que no hay manera de acabar con la inseguridad espantosa en la que vivimos ni de levantar esta economía siempre amenazada por gente disfrazada de revolucionario (que sólo busca su propio beneficio). Parece ser que el problema del Perú somos efectivamente los peruanos y tal parece que corregir el rumbo, aceptar nuestras diferencias y construir un Perú moderno y exitoso, sin un baño de sangre de por medio, es casi una ilusión que cuesta mantener viva.

Conscientes de lo importante que es mantenerse optimista de cara al futuro, vivimos conversando y compartiendo pensamientos como estos en medio del desfile de malas noticias con las que despertamos y nos acostamos. Vamos pues, a través de nuestras conversaciones cotidianas, influyendo y contagiando ánimos, disposiciones, emociones y humores que avanzan como bola de nieve y se terminan asentando en un set de creencias compartidas por una gran mayoría, que luego y muy a nuestro pesar, dan lugar a lo que se conoce como el síndrome de la profecía autocumplida (una predicción que, una vez hecha, es en sí misma la causa de que se haga realidad).

Claro está, que nadie quiere llegar a ese escenario que trae el peor de los resultados para todos; la cristalización de los miedos más profundos y la realización de nuestros presupuestos más pesimistas. Nadie quiere abonar en la cuenta del fracaso pero lamentablemente, nos juega en contra el que no tengamos visibilidad alguna del tamaño de nuestro impacto individual en el resultado agregado a nivel país.

Este es el efecto “granito de arena”, ese que aparece cuando uno siente que sus decisiones y acciones no hacen ninguna diferencia relevante, en términos de impacto, en su ecosistema.

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El problema empieza en  el mindset, esa mentalidad peruana desde la que se gatillan una serie de conductas nocivas, actitudes y malas decisiones que nos condenan a estar lejos de esa sociedad moderna, justa, armónica en la que todos queremos vivir y construir para nuestros hijos y nietos.

Me atrevo a sugerir la siguiente hipótesis de este rezago cultural,  se origina en un conjunto de creencias – mentalidad desde las que se dispone la manera de ver, decidir y actuar que tenemos en el país.

Los peruanos, en general, no creemos en el éxito sin atropellar, esquivar, quitarle o bajarse al otro. No sabemos ganar,  pocas veces lo hemos vivido;no sabemos conquistar, desde siempre hemos sido conquistados; no sabemos pensar en grande, con salvar el cuello y acomodarnos estamos tranquilos; no sabemos brillar, pocas veces hemos estado bajo la luz del reflector internacional. No sabemos creer en nosotros porque hemos aprendido que acá la pelea no se gana en el ring, los títulos y los permisos se compran, los errores no se pagan, el talento no se valora y los méritos sirven poco. De vez en cuando algunos ganan y son exitosos, entonces buscamos o suponemos cuál fue la trampa que hicieron el atajo, truco o ventaja del que se aprovecharon. Todo vale, sea para copiar, usar en su contra o restarle mérito a su conquista.

optimismoBueno y entonces ¿qué hacemos? A mi entender la solución es simple en lo abstracto y muy compleja en términos de ejecución: necesitamos construir una mentalidad diferente, una nueva, una que nos llene de poder y sirva de impulso y de soporte para los tiempos que se vienen.

Nada de granitos de arena, quejas o pensamientos negativos, nada de buscar en otros la solución a nuestros problemas, nada de especular con el fracaso sino enfocar la mente en cómo abrazar tanto éxito.

Al final del día, en lugar de tanto procrastinar para los escenarios más pesimistas, quizás debemos poner nuestra mente y corazón, en aquel escenario ideal, ese que soñamos alcanzar y nos merecemos, pues en una de esas, de tanto pensarlo y conversarlo unos con otros, podamos juntos hacer que suceda.