¿Y por qué es que en mi equipo no dicen las cosas como realmente las piensan y para colmo, caigo en cuenta de esto cuándo más los necesito?. Varios líderes con los que he podido compartir y trabajar, me comparten esta inquietud. Sé que es algo que les importa, les molesta, les hace ruido. Eso es más que suficiente para hacernos cargo de reflexionar un poco al respecto, ¿cierto?

La queja nace de la constatación de que los ejecutivos, jefes o gerentes que son parte del equipo a cargo de algunos líderes, muchas veces no dicen sincera y directamente lo que piensan. Claro, a muchos jefes les gusta que estén de acuerdo con ellos casi siempre o mejor …siempre!.

Eso es más fácil sin duda, les permite suponer que son los más competentes y que casi siempre la razón los acompaña. Su punto de vista es generalmente el foco de claridad y ahí está su equipo para certificarlo cada día. Es más, ellos se van acostumbrando a esta dinámica y con el tiempo esto degenera en una práctica característica de las tribus más cerradas como aquella de los grupos mafiosos; una suerte de filosofía compartida en la que la pertenencia a la tribu se polariza en extremos del tipo “estás conmigo o en contra mío”.

Sí señor, tienes razón, estoy contigo, completamente de acuerdo es como música para los oídos de estos líderes. Quizás lo que han aprendido es a ser poco tolerantes y abiertos a las ideas de los demás, quizás sienten molestia y fastidio cuando reciben un – NO estoy de acuerdo – como respuesta. Sin duda, a pesar de sospechar que ellos no están completamente convencidos, hacen de la vista gorda y avanzan o al menos entran en la “ilusión de avance” que nace del consenso y supuesto alineamiento del equipo con la idea, punto de vista o propuesta que plantea el líder.

Por supuesto aquellos que no siguen la línea, son rápidamente etiquetados como “conflictivos” y son combatidos en carga montón por el líder y sus acuartelados.

Más de un estudioso, gurú o coach empresarial sugiere que esto es una incompetencia del líder y que este debe aprender a tolerar la diversidad de formas de pensar y comunicar de todos en su equipo. Que debe promover y buscar contar con gente que tenga carácter y haga sentir su opinión y punto de vista sin temores ni complejos para lo cual él debe promover sus aportes, escuchar con paciencia, dar espacio al debate constructivo y luego debe recoger, resumir y configurar una solución de la que todos se sientan parte y con la que seguramente todos se comprometerán.

No pretendo ir en contra de esto, me parece acertado. Sin embargo, esto sucede poco y cuando sucede, casi nunca termina tan bien como se espera. Creo que hay más “lana que tejer” en este tema.

En este juicio a este líder atrapado en el “Sí Señor”, quiero ir en defensa suya también. Y es que mucha gente que ya está grandecita y le sobran habilidades para salir de la zona de confort y entrar al ruedo para debatir y aportar realmente. Muchas veces sus ideas y aportes son realmente pobres, desenfocados, desinteresados, débiles y tristes. ¿Por qué eso debiera sumar a la fórmula del éxito?. Pues no debería, no señor, hagan pues un mejor esfuerzo para enriquecer y sumar, ¿verdad?.

Mientras tanto, ellos se van acostumbrando a jugar este juego político con la carta más fácil de todas, el JOKER. Esa carta que sirve para acomodarse y estar con Dios y con el diablo, siempre a la diestra de Dios padre y sin riesgo alguno para su crecimiento y estabilidad laboral. ¿por qué lo hacen?. Bueno, por conveniencia, valga la redundancia, nada que pensar, menos riesgo es mejor a más riesgo para un mismo beneficio. Es un “NO BRAINER”, cierto!.

Seguro el cálculo de la conveniencia es parte de la explicación, pero más allá de eso creo que debemos poner la vista también en otra arista que es tanto más interesante.

Esta es una conducta que cuando se repite en mayoría, podemos considerarla un patrón de comportamiento social. Un patrón que señala existencia de un “aprendizaje grupal”. Para que sé de lo anterior, necesariamente tuvo que haber algo o alguien que sirva de maestro para que esto sucediera. Aquí termina mi defensa al líder pues en mi opinión, el profesor, el maestro más influyente es él. Sí señor, él enseña a su equipo que este comportamiento tan nocivo es algo que valora, quiere, pide, necesita y por cierto, aplaude, premia y por tanto, consigue.

Al final del día, un tigre que cría gatos los verá crecer y convertirse en gatos grandes pero jamás los verá mostrar las uñas y la garra del tigre que espera tener a su lado en la manada.

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